Información
acerca del continente
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África
es el tercer continente más grande de la Tierra, con islas
adyacentes, ocupa una superficie de unos 30.272,922 km2, el 22%
del total de la masa terrestre.
A
un lado y otro del ecuador, África se extiende unos 8.050
Km., desde su punto más septentrional, cabo Blanco en Túnez,
a su extremo más meridional, cabo de las Agujas en Sudáfrica.
La anchura máxima del continente, medida desde la punta
de cabo Verde en Senegal, al oeste, hasta Ras Xaafuun en Somalia,
al este, es de 7,560 Km. El pico más elevado del continente
es el monte Kilimanjaro (5,895 m), con nieves perpetuas, en Tanzania,
y el punto más bajo es el lago Assale (153 m por debajo
del nivel del mar) en Yibuti (o Djibouti). África presenta
una línea costera regular con pocos entrantes. La longitud
total de su litoral (30,490 km), en proporción con su área,
es menor que en cualquier otro continente.
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Las principales islas de África, con una superficie conjunta de 621.600 km 2, son Madagascar, Zanzíbar, Pemba, las islas Mauricio, Reunión (departamento en ultramar de Francia), Seychelles y Comores en el océano Índico; Santo Tomé y Príncipe y Bioko en el golfo de Guinea; Santa Elena (dependencia británica), Ascensión (dependencia británica), y las islas Bijagós en el Atlántico sur; y las islas de Cabo Verde, Canarias (España) y Madeira (Portugal) en el Atlántico norte.
Etnografía
El
Sahara forma una gran barrera entre los pueblos de África del
Norte y los del África subsahariana. Aunque los grupos étnicos
del continente han sido sometidos a numerosos sistemas de clasificación,
la división geográfica parece ser la más apropiada.
En
la parte norte del continente, incluido el Sahara, predominan los pueblos
caucasoides, principalmente bereberes y árabes. Constituyen cerca
de una cuarta parte de la población del continente. Al sur del
Sahara predominan los pueblos negroides, aproximadamente el 70% de la
población de África. Existen pueblos khoisans, sans (bosquimanos)
y khoikhoi (hotentotes), en África meridional. Los pigmeos se
concentran en la cuenca del río Congo y en Tanzania. Dispersos
por África, pero agrupados principalmente en África meridional,
hay unos cinco millones de blancos de origen europeo. La población
indú, que se acerca al millón de habitantes, se concentra
a lo largo de la costa este africana y en África del Sur.
Se
han clasificado más de 3,000 grupos étnicos distintos
en África. La familia extensa es la unidad social básica
para la mayoría de estos pueblos. En gran parte de África
la familia se une a una sociedad más amplia mediante grupos de
parentesco como los linajes y los clanes. En general, los grupos de
parentesco tienden a excluir el matrimonio entre sus miembros y se casan
fuera del grupo. La aldea está constituida frecuentemente por
un único grupo de parientes que se unen por descendencia masculina
o femenina.
Demografía
Aunque
África ocupa una cuarta parte del total de la superficie terrestre,
sólo tiene el .5% de su población. La población
total del continente es de 765'800,000. La densidad media, unas dieciocho
personas por kilómetro cuadrado, es inferior a la mitad de la
media mundial. Esta cifra incluye grandes áreas, como los desiertos
del Sahara y Kalahari, que están prácticamente deshabitados.
Cuando se calcula la población que vive de la tierra de labor
o productiva, la densidad media se incrementa hasta 139 personas por
kilómetro cuadrado. Las áreas más densamente pobladas
del continente son las de las costas septentrionales y occidentales,
en las cuencas de los ríos Nilo, Níger, Congo y Senegal
y en la meseta oriental africana. Nigeria, con una población
de alrededor de 89 millones de habitantes, es la nación más
poblada de África.
La
tasa de nacimientos es del 46%, en contraste con la tasa europea del
14 % .La difusión de los servicios médicos desde la II
Guerra Mundial es la causa de la brusca disminución en las tasas
de mortalidad, en torno al 17%. La población africana se incrementa
anualmente un 2.9%. No obstante, estas estadísticas varían
bastante según los países y las regiones. Los jóvenes
son el grupo más numeroso en cuanto a la distribución
por edad. En la mayoría de los países africanos la mitad
de la población tiene quince años de edad o menos.
La
población africana continúa siendo rural en su mayoría;
sólo una quinta parte de la población vive en ciudades
de más de 20,000 habitantes. El norte de África es la
zona más urbanizada, pero en todo el continente se pueden localizar
ciudades importantes. Algunas ciudades africanas con más de un
millón de habitantes son Alejandría, Gizeh y El Cairo
en Egipto; Argel, en Argelia; Casablanca, en Marruecos; Lagos, en Nigeria;
Addis Abeba, en Etiopía; Abiyán, en Costa de Marfil; Kinshasa,
en República Democrática del Congo, y Johannesburgo y
Ciudad de El Cabo, en Sudáfrica.
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Los
centros urbanos actúan como polos de atracción de
gran cantidad de inmigrantes, ya sea como habitantes permanentes
o como trabajadores temporales. El crecimiento urbano ha sido
particularmente rápido desde la década de 1950.
Se ha desarrollado una considerable corriente migratoria de trabajadores,
sobre todo centroafricanos, a las minas y factorías de
Zambia, Zimbabwe y Sudáfrica, de norteafricanos a Francia
y, más recientemente, a los países pertenecientes
a la Unión Europea. Las guerras civiles en ciertos países
han provocado migraciones masivas de refugiados, al igual que
las sequías y las hambrunas.
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Lenguas
Se
hablan más de 2000 lenguas en África. Aunque más
de 50 superan los 500,000 parlantes cada una, relativamente pocas personas
hablan la mayoría de estas lenguas. Además del árabe,
las más habladas son el suahili y el hausa. Muchos africanos,
en especial aquellos del África subsahariana, son bilingües:
hablan su idioma nativo al igual que el que llevaron los primeros gobiernos
coloniales europeos.
Religión
El
cristianismo, la religión más difundida, fue introducido
en África del Norte en el siglo I y se extendió al Sudán
y las regiones etíopes en el siglo IV: El cristianismo sobrevivió
en Etiopía gracias a la Iglesia copta, pero en otras zonas fue
sustituido por el Islam. Fue reintroducido y se extendió por
el África tropical con el desarrollo de la expansión europea
en ultramar a partir del siglo xv: Hoy, los grupos protestantes y católicos
están representados por igual en todo el continente.
El
Islam, la segunda religión más difundida de África,
fue introducido en todo el norte de África en el siglo VII y
durante los siglos siguientes se extendió por la costa oriental
y las praderas del África occidental. A lo largo del siglo XX
el Islam se introdujo en las restantes zonas del continente. La más
antigua escuela jurídica musulmana, denominada maliki, prevalece
en la mayor parte del África musulmana, excepto en Egipto, el
Cuerno de África y la costa este africana.
Cerca
del 15% de los pueblos africanos practican religiones animistas o locales.
Aunque existe una gran variedad, tienden a tener un único dios
o creador y varios espíritus subordinados -espíritus de
la naturaleza que habitan en los árboles, el agua, los animales
y cualquier otro elemento o fenómeno natural- y espíritus
ancestrales, como los fundadores de la familia, el linaje o el clan
que influyen en la vida diaria.
Ciertos
movimientos religiosos animistas mezclan ritos ortodoxos cristianos
con creencias religiosas tribales. Guiados por sus propios profetas,
estos grupos se han , extendido por toda África, aunque parecen
más difundidos y poderosos en África central y África
del sur. Existen pequeñas comunidades judías en el norte
y en el sur de África, y los cultos hindúes, budistas
y taoístas están extendidos por África oriental
y meridional.
La Iglesia en África
África
es un gran continente que ha vivido y vive momentos históricos
difíciles pero que a pesar de ello ofrece también al mundo
signos de esperanza.
Es
un continente que vive castigado por la violencia. Las numerosas tribus
que pueblan el continente se enfrentan en sangrientas guerras haciendo
la vida muy difícil para todos. Otro problema que azota al continente
africano es el racismo que provoca enfrentamiento entre negros y blancos.
En muchas partes de África, muchos negros son tratados como esclavos,
aún cuando nuestro mundo se jacta de haber abolido la esclavitud.
Muchos
países africanos han alcanzado su independencia recientemente,
pues fueron víctimas del colonialismo europeo durante siglos,
lo que ha provocado una gran opresión económica del continente,
y un desarraigo cultural.
La
pobreza es bastante marcada en este continente. De los 47 países
menos desarrollados del mundo, 31 son africanos.
Los países del norte de África, en los primeros siglos
antes de la llegada de los musulmanes, fueron la patria de los fundadores
del monaquismo, de grandes teólogos y escritores como Orígenes,
San Atanasio, Tertuliano, San Cipriano, San Agustín, además
de tres Papas. Los escritos de estos autores africanos pertenecen al
patrimonio universal de la Iglesia. Actualmente nos encontramos allí
con países musulmanes con fuertes grupos fundamentalistas como
Argelia y Libia.
El
centro y el sur del continente africano permanecieron inexplorados hasta
la mitad del siglo XVIII. A fines del mismo, empezó una intensa
actividad misionera con resultados sorprendentes. La Iglesia de África
es la más joven y creciente de todas las Iglesias. Este crecimiento
se realizó muchas veces en medio de luchas y persecuciones. Muchos
cristianos testimoniaron su fe con el sacrificio de la vida.
En
el siglo XIX, las grandes potencias coloniales europeas se "repartieron"
el continente africano como se reparte un pastel. Cada uno escogió
la parte que más le interesaba sin importarle nada de las situaciones
geográficas, raciales, tribales y culturales de los pueblos africanos.
De esta manera los africanos se vieron subyugados por "dueños"
que buscaban exclusivamente sus intereses estratégicos y económicos.
Pero
Dios miró con amor a los africanos y precisamente en el siglo
pasado suscitó grandes misioneros, quienes vieron en los habitantes
de África a personas redimidas por la cruz de Cristo, hermanos
a quienes había que llevar la luz del Evangelio.
Entre
ellos destaca Daniel Comboni. El intuyó que "la hora de
África" había llegado; es decir, la hora en que también
los negros tenían que llegar a ser miembros de la Iglesia católica
por la fe en Cristo y por el bautismo.
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Comboni
escribía en 1864: "Salvar a África por medio
de África" y el Papa Pablo VI durante su visita a
Uganda en 1969 gritaba: "África, sé evangelizadora
de ti misma, irradia la luz del Evangelio sobre todos tus hijos".
El
Sínodo africano celebrado en Roma ha sido un signo de la
gran vitalidad de la Iglesia africana que trata de responder de
una manera evangélica a los grandes desafíos que
presenta hoy este continente: guerras fratricidas con la secuela
de refugiados y desplazados, modelos de desarrollo impuestos por
intereses extranjeros con la complicidad de las clases africanas
dominantes, la inculturación en los ámbitos de la
liturgia, los estudios bíblicos, el matrimonio, etc.; los
pobres, los enfermos de SIDA, el aborto, etc.
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Actualmente,
la Iglesia Católica es minoritaria en África. De los 765
millones de habitantes del continente, tan sólo 112 millones
son católicos (un 14,9%). Es el continente que menor porcentaje
de sacerdote tiene: hay un sacerdote por cada 4,406 católicos,
mientras que en el resto del mundo hay, en promedio, un sacerdote por
cada 2,342 católicos.
Hay
muchos obispos, sacerdotes y religiosos autóctonos; también
hay un gran número de laicos comprometidos y catequistas que
son los principales animadores de las comunidades cristianas. Estas
últimas viven con fervor y entusiasmo la fe recibida y no faltan
los que testimonian su fidelidad a Cristo hasta con el martirio.
África
tiene mucho que aportar a la Iglesia universal desde su peculiaridad
con su Eclesiología llamada "Iglesia familia"; y, aunque
todavía hay extensas zonas de primera evangelización,
el Papa Juan Pablo II, vislumbrando esa "nueva época misionera",
exhorta a los africanos diciendo: "No solamente salvar a África
con África , sino también evangelizar otros pueblos con
misioneros africanos.
El
anuncio del Evangelio en África hoy, encuentra graves situaciones
de indigencia y ambientes de miseria propia y verdadera. Además,
debe confrontarse con dificultades sociopolíticas no menos complejas.
De hecho, las guerras fratricidas y las violencias gratuitas rompen
las familias y devastan las poblaciones, destruyendo, como un huracán,
las riquezas materiales y culturales de los pueblos.
Ahora
bien, dado que la evangelización es la propuesta del mensaje
de salvación de Jesucristo a las poblaciones que no lo conocen,
es indispensable aplicar la Buena Nueva a la vida concreta, teniendo
en cuenta las condiciones sociales, culturales, económicas, políticas
y religiosas en las que viven las familias y las personas.
¿Cómo
se podrá anunciar coherentemente a Jesucristo, el Hijo de Dios
hecho hombre, al inmenso Continente Africano, si se olvidara que es
una de las tierras más pobres del mundo? ¿Cómo
no considerar -evangelizándola y dándole un sentido- la
historia de humillaciones, de violencia, de esclavitud, vivida por tantos
grupos humanos? ¿Cómo evangelizar pueblos que tienen que
enfrentarse todavía a los problemas del hambre, de la guerra,
con tensiones sociales y tribales, que viven la inestabilidad política
como situaciones de normalidad, que experimentan cotidianamente atropellos
y violaciones de los derechos humanos? Todo
esto constituye un desafío para la evangelización.
Existe
también el desafío de la evangelización de un Continente
que, en el plano de las nuevas políticas económicas mundiales,
ha sido marginado y se ha convertido en un apéndice, propio y
verdadero, sin ninguna importancia. En un mundo controlado por las naciones
ricas, potentes e insensibles a las otras dificultades, África
es un Continente cada vez menos importante y, por eso, un Continente
maltratado, olvidado y abandonado. Recordando las recientes palabras
pronunciadas por el Papa Juan Pablo II a propósito de África,
el continente Africano podría ser comparado al hombre del evangelio
que bajaba desde Jerusalén a Jericó, y que cayó
en manos de salteadores... y, después de despojarle y golpearle,
se fueron dejándole medio muerto (Cf. Lc 10,30-37).
Otro
desafío de la evangelización en África se refiere
al encuentro entre, el mensaje evangélico y la cultura o, mejor,
entre las diferentes culturas africanas y las Religiones Tradicionales
Africanas.
Estoy
convencido de que los temas a los que hemos hecho alusión constituyen
un verdadero desafío al anuncio del Evangelio. Y no obstante,
a pesar de esta situación de extremo sufrimiento, hay que reconocer
que África permanece abierta al Evangelio ya los valores y tradiciones
religiosas que ponen a Dios en el centro de la vida del hombre y del
mundo.
La
misión en África ha conocido un progreso casi prodigioso:
de dos millones de fieles calculados en 1900, hoy la población
cristiana es poco más de 112 millones, igual al 15% de la población
africana. Este progreso se manifiesta igualmente en el ámbito
de las vocaciones sacerdotales y religiosas. No menos significativa
es la aportación de empeño y de abnegación que
aseguran los fieles laicos y, sobre todo, los Catequistas.